sábado, 12 de marzo de 2011

BUENAS NOCHES ESTRELLA



Jugaban entre los vagones y rieles abandonados de la estación Chhatrapati Shivaji  al oeste de Mumbai. Shahid y Kumptar soñaban con tomar el tren hacia Delhi y de ahí partir hacia otros mundos llenos de aventuras.

No conocían otro lugar más allá de las fronteras de la ciudad de 19 millones de habitantes. Su día a día transcurría entre la tienda de su madre  y la fantasía de sus espíritus aventureros.

Un día, los hermanos decidieron salir de aquella ciudad volátil, y entraron como polizontes a un tren que estaba por arrancar.

Entre risas y susurros, pasaron un par de horas debajo de una de las camas del tren. Cae la noche. Shahid por ser el mayor, decide salir primero y revisar el vagón en busca de alimentos. Kumptar no resiste la tentación y sale de su escondite corriendo, emocionado por estar en camino hacia su meta: conocer nuevos mundos. Ambos se encuentran en la única ventana q no tiene cortinas y admiran el paisaje. Montañas con sábanas blancas cubriéndolas, personas montadas a caballo y otras volando en alfombras, faquires domando tigres con sus flautas,  niños jugando con elefantes, mujeres danzando con sus hijas y una enorme serpiente que las aplaude.

Deciden bajarse en la estación más cercana, listos para explorar, luego volverán a tomar el tren hacia Delhi.

Nunca habían sentido tanto frío, tocaron el piso y sintieron cómo la mano temblaba al tomar un puñado de ese helado sin sabor. Tomaron una bicicleta y rodaron hasta una parada de alfombras voladoras. ¡Así llegaremos más rápido a Delhi! Exclamó Kumptar, que no salía de su asombro al ver semejante maravilla del mundo exterior. Un elefante llamó su atención mientras aguardaban su turno. El animal podía pararse en una pata y su trompa, podía danzar como las mujeres que ahí estaban y además con cada salto que daba, caían chocolates del cielo. Obviamente los niños decidieron primero cargar municiones y seguir explorando el sitio, seguro debía tener más sorpresas guardadas. Después irían por las alfombras.

Encontraron una casa pintada de azul con la imagen de la luna en la puerta. Era la casa de la noche, ahí podían encontrarse todas las estrellas del mundo. Algunas tenían nombre de personas que habían abandonado el mundo terrenal  y que cada noche salían a cuidar de los suyos desde lo más alto del cielo.

No lo dudaron, y entraron corriendo buscando la estrella de su abuela, querían verla una vez más antes de partir a una vida de aventuras. Luego de buscar un buen rato, la encontraron a ésta les dijo: -Mis niños queridos, cada noche los veo y los cuido. Nunca los he abandonado.  Les tengo un mensaje para su madre.

Salieron corriendo y brincando de alegría, emocionados por llevar tan buena noticia. Fueron corriendo a buscar las alfombras para volver a casa.

Amanece en Mumbai, Shahid y Kumptar ven al sol despedir a la luna mientras vuelan sobre la ciudad. Con mucho cuidado aterrizan en la zona abandonada de la estación ferroviaria, corren hacia la tienda de su madre, y ahí está ella. Ha pasado toda la noche bordando lindos saree’s  para vender. Ambos se acercan y le dicen:

 -Madre, hemos hablado con la abuela. Ella está bien. Te pide que no llores más y dice, que no te preocupes,  el malestar que sientes es porque tendremos una hermanita muy pronto, papi por fin tendrán la niña que siempre quiso.

Y es así como Kumptar, cada noche antes de dormir, durante 6 años le cuenta a su hermana cómo su abuela fue quien anunció su llegada.

Buenas noches, Estrella. 


Fotografía tomada por Samuel Prado.

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