jueves, 31 de marzo de 2011

Jab We Met 2007


Una de mis favoritas... forma parte del soundtrack de la película india: JAB WE MET..

La canción tiene una energía impresionante.. capaz de despertar a cualquiera!!

Y la película.. excelente! una mezcla de amor, comedia y drama que encantará a cualquiera...

lunes, 21 de marzo de 2011

Nairobi, Kenya. Visita a Orfanato Infantil (Parte II)

Estela tenía su matatu, recogió a los niños y nos fuimos al sitito donde estaban viviendo. Era un edificio pequeño, no muy lejos de donde estábamos. Solo 4 pisos, ellos estaban en el último. Era una especie de pensión que solo alquila cuartos, para el orfanato tenían tres: el dormitorio, la cocina y la oficina de Estela.

No era muy bonito, de hecho era bastante sucio. Mientras subíamos por las escaleras observamos las paredes rayadas, mal olor en las esquinas, las personas que ahí habitaban nos miraban con cierta rabia que nunca entendí. Se escuchaban gritos de una madre regañando a su hijo. Sábanas recién lavadas colgando por los muros, goteando. Un señor fumando recostado a su ventana nos saluda con la mano. Unas mujeres se esconden al notar nuestra presencia.

Tomando en cuenta los espacios, era más cómodo. Pero no. Ella estaba feliz de irse de aquel lugar. Los niños estaban creciendo en un ambiente inadecuado.

Nos contó Estela, que en los pisos de abajo vivían prostitutas y continuamente daban “espectáculos” de alcoholismo y drogadicción. Además, también habitaban traficantes y “otro tipo de personas”. No especificó qué tipo, pero tampoco deseo imaginarlo. Con lo que nos había dicho era suficiente para sacar a los niños de ahí. No podían jugar tranquilamente, Estela les tenía q llamar la atención continuamente porque terminaban interactuando con los vecinos en su necesidad de hablar, conocer. Definitivamente este no es sitio para  almas vírgenes de vicios.

Hora de la merienda. Sacamos el pan. Creo que este fue el momento más difícil para mí. No sabía si reír y disfrutar de la euforia de los niños con la lonja de pan q le daban o llorar por el mismo motivo. ¿Era real lo que estaba viviendo?  ¿Estos niños a pesar de lo duro que les ha tocado vivir, todavía ríen porque tienen entre sus manos un pedazo de pan? Pan sin nada, sin relleno. Algo que para nosotros simplemente no tiene sentido.

Estaba sentada en un sofá en la oficina de Estela mientras observaba el momento. Lo recuerdo como si fuese ayer. Tuve que respirar profundo varias veces para centrarme nuevamente y no dejar que mis emociones me dominaran. Alejandra me ve, y se da cuenta. Abre sus ojos a lo máximo en señal de “cálmate, te entiendo, pero debes calmarte”.

Consigo volver al mundo real y dejar al emocional a un lado. Los niños entran, y Estela quiere mostrarnos por qué está tan orgullosa de ellos y tan agradecida por la ayuda. A los más pequeños, quienes se inician en el inglés, les pregunta “la lección”:

-              - ¿Qué colores ves en la sala?

Uno de los chicos responde, muy seguro de sí. Describe los colores de las paredes, de los muebles, de las portadas de los libros que Estela tiene en su escritorio, de su ropa y la ropa de sus amigos.

-          -    ¿Y ella, Alejandra, de qué color es?
-          -    ¡Blanca!
-          -  ¿Y Johanna?
-          -   ¡Caramelo!

Se ríen todos. Pero sí, es cierto, ¡soy color caramelo!

Entre todos nos dieron la bienvenida en coro. Nos cantaron una canción que hablaba de la amistad y los corazones puros. No llorar, ya era una prueba de fuego. Pero la superé. Quienes me conocen, saben que soy muy sentimental y que estas situaciones me ponen susceptible. Pero en ese momento no podía ser egoísta, no se trataba de mí, de mis sentimientos. Esta vez eran ellos, y no podía hacerles saber a través de mis lágrimas que ese no es el mundo que se merecen.

Habían niños muy vivaces. Hasta sumas y restas nos hicieron. Estela está haciendo un gran trabajo con ellos. Y no solo en el ámbito educativo, sino en el espiritual. Les leía la biblia y cantaba canciones de alabanza. Les hablaba de lo bueno y lo malo.

Mientras los niños nos daban lo mejor de sí en sus demostraciones musicales, me desconecté. Y estuve reflexionando. ¿Alguna vez le agradecí a la vida por darme la oportunidad de estudiar en una buena escuela, de entrar a la universidad que quería (dos veces), de tener un hogar con valores y crecer en un ambiente sano, de tener mis tres comidas diarias, entre muchas otras cosas?

Nuestras madres, cuando éramos niños siempre  decían que  nos comiéramos todo “porque hay niños que no tienen nada”. Siempre terminaba mi plato, pero no por esa sentencia. Ahora, me cuesta demasiado dejar algo en él. O botar comida. Nunca me ha gustado desperdiciar nada, pero a veces toca. Después de esa experiencia, me sienta fatal. Y siempre pienso “hay niños en África que se emocionan por un pedazo de pan”.

Salimos del lugar. Dejamos los niños a cargo del chofer, y nos fuimos con Estela a una tienda de materiales para la construcción a comprar las lajas de concreto para el piso y otras cosas necesarias. En el trayecto, Estela no paraba de agradecer a Dios por darle la oportunidad a través de Asha (la amiga de Alejandra) de construirles un futuro mejor a sus niños. Contaba que había sido muy duro llevar a cabo la dirección del orfanato sin la ayuda de su difunto esposo, pero sus ganas eran tremendas.

Hace ya más de dos años y pocos meses de eso. Y al recordarlo, no puedo evitar sentir las mismas emociones de aquella vez. Agradezco mucho a la vida, a Dios, a Alejandra y a Carlos (mi novio, quien me llevó a Kenia) por estar en el momento indicado y brindarme la oportunidad de haber vivido esta experiencia. Ver con mis propios ojos y sentir cada escalofrío,ha sido una gran lección de vida.

A veces nos quejamos del menú que nos sirven en el comedor de la universidad, del desayuno sencillo que nos hacen en casa, de lo lejos que está la universidad o la escuela. Nos quejamos porque no podemos ir al cine un día, porque no pudimos salir un viernes porque estábamos estudiando. Nos quejamos porque debemos caminar y viajar en bus y no tenemos carro.

Vivimos quejándonos. Pero no agradecemos. 


No agradecemos a nuestros padres por existir y brindarnos cariño, paciencia, dedicación. No agradecemos tener un techo cómodo donde dormir, donde comer, donde soñar. No agradecemos tener acceso a la educación.

No agradecemos por tener zapatos para caminar...

A pesar de pasar el día aguantando las ganas de llorar, contrario a lo que pensaba, al llegar al apartamento no lloré. Bueno, no lloré mucho. Estaba contenta. Sé que esto  será parte de mis futuras acciones hacia el mundo, sé que esto solo ha sido inspiración para algo más grande.

Aprendí que a pesar de las circunstancias, nada puede hacer que nos detengamos si nuestro propósito es bueno. Estela venció adversidades y ha salido adelante, con 25 niños. Y lo sigue intentando.

Aprendí que se siente bien ayudar a quienes nos necesitan. A pesar que no hice nada relevante y que mi presencia fue solo circunstancial, esta experiencia hará que grandes cosas estén por llegar.


Gracias por leerme.



domingo, 20 de marzo de 2011

Nairobi, Kenya. Visita a Orfanato Infantil (Parte I)


Un paseo que causaba curiosidad, terminó fortaleciendo la vena filántropa q llevo por dentro.

No recuerdo con exactitud si era jueves o viernes. Alejandra, la otra venezolana, pasó por mi apartamento a eso de las 6:30am con Peter, el chofer de la matatu. Durante el camino, ella me daba detalles del lugar a donde íbamos y de los niños que allí encontraríamos.

En el orfanato viven aproximadamente 25 pequeños en edades comprendidas entre los 3 y 12 años. Los más pequeños sólo hablaban kiswahili, los grandecitos tenían el inglés como segunda lengua.
No tenían la posibilidad de ir a una escuela, pero su cuidadora les enseñaba en la casa.

Una mujer,viuda, sumamente humilde y de gran corazón. Los alimentaba, los criaba, los educaba, los cuidaba. Era su única ocupación. Se llama Estela.

Algunos niños estaban ahí porque sus padres no podían criarlos. Para nadie es un secreto que Kenya posee un alto índice de pobreza. Otros, estaban porque Estela los encontró en la calle.

Alejandra me decía que debía controlar mis emociones. Si sentía miedo o compasión no debía demostrar nada. Primero, para no transmitirle el sentimiento a los niños, y segundo, porque después no podría parar.

Primero pasaríamos por un mercado para comprarles algo. No podíamos llegar con las manos vacías. Tuve la idea de comprar galletas y caramelos, golosinas. Pero no, mi amiga me dijo que a ellos no les gustaban esas cosas. Claro, no suelen comerlas. Llevamos 3 paquetes de pan cuadrado blanco. Sí, al parecer adoraban el pan. Para ellos es  manjar de dioses. Estaban acostumbrados a comer granos y vegetales con “ugali”, una masa cruda hecha con harina de maíz.

“Son niños que se vuelven locos con una coca-cola” ,me decía.

Ahí empecé a impactarme y a prepararme mentalmente.

“Te van a ver mucho, y todos van a querer agarrarte y tocarte, para ellos eres “rara”. Como no salen de la zona no acostumbran a ver gente de un color diferente. Muchos te van a repetir como locos “mzungu” que significa “blanquito” en kiswahili. Interactúa con ellos, háblales. “

Debo admitirlo, estaba nerviosa. No sabía qué me esperaba.

Luego de rodar aproximadamente una hora, llegamos a nuestro destino. El sitio donde estábamos era lo que sería el nuevo orfanato ya que los estaban sacando de donde vivían, que de todas maneras era un lugar terrible, me comentaba Alejandra.

Era un sitio a la orilla de una quebrada. Una comunidad sumamente pobre. Las pocas casitas que se veían tenían paredes de bloques y barro. El piso, era de tierra. Podías leer el rostro de la gente. Manifestaban cierto dolor, angustia. Nos miraban con extrañeza pero saludaban: “¡Mzungu! ¡Mzungu!” y agitaban sus manos en señal de bienvenida.

Llegamos al nuevo orfanato. Estela saludó con mucho aprecio a Alejandra. Derramó bendiciones sobre nosotras, estaba muy contenta.

El motivo de nuestra visita era colaborar con la compra de materiales para la construcción del nuevo orfanato. Una amiga de Alejandra llevaba tiempo estudiando y colaborando con el proyecto. La envió para hacer las compras y ver en qué podía ayudar. Como Alejandra es doctora, Estela aprovechó de hacerle consultas de los niños.

Mientras ellas hablaban, me alejé un poco para acercarme a los niños. Estaba impactada. Diversos sentimientos me invadieron.

No sabía si reírme porque los más pequeños me miraban con sus ojos totalmente abiertos y con una sonrisa extremadamente blanca. Me hablaban en esa lengua que nunca aprendí y quedé con  ganas. Uno de ellos, tendría unos 3 años, rompió la barrera y se  acercó. Me agarró de la mano y no paraba de hablar. Los demás se unieron. De pronto, sin darme cuenta, ¡tenía un niño en cada dedo!...

Cuando me olvidaba de ese cuadro y miraba alrededor, observaba la miseria. Estos niños jugaban entre el monte y el barro. Entre culebras e insectos. La mayoría, descalzos. Un balón roto, pelotas de plástico, unas cuerdas de saltar y su imaginación, era todo lo que tenían para pasar el rato. Juro que tenía ganas de llorar.

Fue muy fuerte. Dos años después, siento lo mismo al recordar y ver las fotos de esa experiencia. Quisiera poder hacer algo más.

Hice un nudo en el pecho y me desconecté de las emociones. Me puse a jugar con ellos. No entendía nada de lo que me decían, pero sea lo que sea, lo decían con una sonrisa en los labios, así que malo no debía ser.  Peter también jugaba, y tomaba fotos.



Estela nos llamó para que conociéramos cómo iba la construcción del nuevo orfanato.

La habitación de mis padres, es más grande que eso. De nuevo, esa sensación en el pecho. Solo tenían las 4 paredes, el techo y una división para separar el cuarto de los niños y las niñas. Les había tocado dormir ahí 2 noches, pero salieron culebras y eso mortificó a los más pequeños.

Solo una cosa me viene a la cabeza en ese momento: ¿Qué tan terrible puede ser el sitio donde están viviendo ahora, que este cuarto con piso de tierra es mejor?



viernes, 18 de marzo de 2011

My Name is Khan



Luego de los acontecimientos del 11S la humanidad guarda resentimiento hacia los musulmanes.

Esta película demuestra que no importa la religión a la que se pertenezca, nuestras acciones no son derivadas de nuestras creencias, sino de lo que llevamos en el corazón...

Khan es un niño con síndrome de Asperger, musulmán, que habita en una región de Mumbai (India) con su madre y su hermano. Ya de grande, al morir la madre, Khan viaja a Estados Unidos en busca de su hermano quien se había mudado hace muchos años. En este viaje, conoce el amor y luego, el hostigamiento debido a su religión. Luego de un doloroso suceso, Khan debe buscar al Presidente de los Estados Unidos y decirle "My name is Khan, im not a terrorist".

Extraordinaria película con toques de drama, comedia y romance.

Recomendación: tener almohadas, pañuelos, refrescos, cotufas (palomitas de maíz) y alguien a quien abrazar...

sábado, 12 de marzo de 2011

BUENAS NOCHES ESTRELLA



Jugaban entre los vagones y rieles abandonados de la estación Chhatrapati Shivaji  al oeste de Mumbai. Shahid y Kumptar soñaban con tomar el tren hacia Delhi y de ahí partir hacia otros mundos llenos de aventuras.

No conocían otro lugar más allá de las fronteras de la ciudad de 19 millones de habitantes. Su día a día transcurría entre la tienda de su madre  y la fantasía de sus espíritus aventureros.

Un día, los hermanos decidieron salir de aquella ciudad volátil, y entraron como polizontes a un tren que estaba por arrancar.

Entre risas y susurros, pasaron un par de horas debajo de una de las camas del tren. Cae la noche. Shahid por ser el mayor, decide salir primero y revisar el vagón en busca de alimentos. Kumptar no resiste la tentación y sale de su escondite corriendo, emocionado por estar en camino hacia su meta: conocer nuevos mundos. Ambos se encuentran en la única ventana q no tiene cortinas y admiran el paisaje. Montañas con sábanas blancas cubriéndolas, personas montadas a caballo y otras volando en alfombras, faquires domando tigres con sus flautas,  niños jugando con elefantes, mujeres danzando con sus hijas y una enorme serpiente que las aplaude.

Deciden bajarse en la estación más cercana, listos para explorar, luego volverán a tomar el tren hacia Delhi.

Nunca habían sentido tanto frío, tocaron el piso y sintieron cómo la mano temblaba al tomar un puñado de ese helado sin sabor. Tomaron una bicicleta y rodaron hasta una parada de alfombras voladoras. ¡Así llegaremos más rápido a Delhi! Exclamó Kumptar, que no salía de su asombro al ver semejante maravilla del mundo exterior. Un elefante llamó su atención mientras aguardaban su turno. El animal podía pararse en una pata y su trompa, podía danzar como las mujeres que ahí estaban y además con cada salto que daba, caían chocolates del cielo. Obviamente los niños decidieron primero cargar municiones y seguir explorando el sitio, seguro debía tener más sorpresas guardadas. Después irían por las alfombras.

Encontraron una casa pintada de azul con la imagen de la luna en la puerta. Era la casa de la noche, ahí podían encontrarse todas las estrellas del mundo. Algunas tenían nombre de personas que habían abandonado el mundo terrenal  y que cada noche salían a cuidar de los suyos desde lo más alto del cielo.

No lo dudaron, y entraron corriendo buscando la estrella de su abuela, querían verla una vez más antes de partir a una vida de aventuras. Luego de buscar un buen rato, la encontraron a ésta les dijo: -Mis niños queridos, cada noche los veo y los cuido. Nunca los he abandonado.  Les tengo un mensaje para su madre.

Salieron corriendo y brincando de alegría, emocionados por llevar tan buena noticia. Fueron corriendo a buscar las alfombras para volver a casa.

Amanece en Mumbai, Shahid y Kumptar ven al sol despedir a la luna mientras vuelan sobre la ciudad. Con mucho cuidado aterrizan en la zona abandonada de la estación ferroviaria, corren hacia la tienda de su madre, y ahí está ella. Ha pasado toda la noche bordando lindos saree’s  para vender. Ambos se acercan y le dicen:

 -Madre, hemos hablado con la abuela. Ella está bien. Te pide que no llores más y dice, que no te preocupes,  el malestar que sientes es porque tendremos una hermanita muy pronto, papi por fin tendrán la niña que siempre quiso.

Y es así como Kumptar, cada noche antes de dormir, durante 6 años le cuenta a su hermana cómo su abuela fue quien anunció su llegada.

Buenas noches, Estrella. 


Fotografía tomada por Samuel Prado.

LO QUE NO VES

      Y pensar que la realidad es tan diferente a la historia que cada uno de ellos quería para sí mismo. Aprendieron que no todo sucede como uno quiere, pero hay que  ser agradecido por lo que se tiene y apreciar cada cosa a nuestro alrededor, por simple que parezca.

A los 10 años Julio perdió la vista en un accidente con una sustancia tóxica que cayó en  sus ojos. A pesar de ser un niño, aceptó su destino con madurez, se propuso seguir adelante y llegar hasta donde sus sueños se lo permitieran. La ceguera no era limitación.

Pasaba días sentado en el piano, tratando de aprender melodías de forma autodidacta. La música  calmaba la ansiedad que le producía pensar en su soledad. Tener tal “peculiaridad” le hacía sentir que era una carga para sus padres y hermana; aunque era considerado un chico independiente, dada su condición, sabía que no podría vivir solo y que siempre necesitaría de alguien que le cuidase.

A sus diecisiete años compuso su primera melodía, se la dedicó a su hermana, quien era su mejor amiga y gran apoyo.  Llegó a ganar el festival musical de la ciudad y nadie supo que era invidente. Ganó por su talento, no porque los jueces le tuviesen compasión. Eso lo animó y le dio confianza en sí mismo.
A los veinte años empezó a cantar en bares nocturnos con artistas amateurs de invitados. Ya tenía un nombre, ya era conocido.

 Ahí fue donde Elena lo conoció. La sensibilidad de un músico puede conquistar muchas mujeres, pero a Elena realmente la embrujó. El hechizo ocurrió durante la interpretación de una pieza sin sentido, no era una canción con historia coherente. Al público le hacía reír las ocurrencias de la letra, a Elena le causaba curiosidad aquella mente astuta que la creó.

Ella venció su timidez y al finalizar el turno de Julio decidió hablarle y decirle lo fascinada que estaba. Él sonrió, le dio las gracias y se fue.  Elena quedó helada en el sitio. “Creo que tu amigo tiene un problema de actitud”, comentó molesta al bartender del lugar  y se fue avergonzada.

 Dos meses después, Julio tropezó contra un muro en el jardín de su casa y se lastimó la pierna. Le enyesaron, y esta vez había que cuidarle con más atención así que su madre decidió contratar una enfermera.

-Tengo una amiga que pronto será enfermera, podría decirle, estoy segura que estará encantada.  Comentó la hermana de Julio.

Elena pensó que sería un trabajo fácil, ayudar a un chico con una pierna enyesada no es la gran cosa. Dinero fácil. Mientras se acercaba a la casa de su amiga en su primer día de trabajo, escuchaba las notas melodiosas de un piano. Simplemente fascinante. Al entrar de inmediato le reconoce, y pierde la sonrisa de su rostro. Aquel chico pedante del bar que se dio el lujo de ignorarla. Debe ser una pesadilla.

-¡Elena! Qué bueno que aceptaste ayudar a mi hermano, ya verás que no es tan complicado.
-¡No puede ser que sea tu hermano  el chico más prepotente que haya conocido en la vida!
-No te entiendo…  ¿De qué hablas?

Elena le cuenta a su amiga aquel incidente incómodo en el bar.

-Tengo que decirte algo, a Julio  no le gusta que los del bar sepan su condición para que su opinión sobre su música no se vea afectada por ella. Mi hermano es ciego.

Un baño de agua fría recorre el cuerpo de Elena... Durante meses estuvo juzgando al único chico que le había cautivado.

-Claro, ahora entiendo.

A él no le agradaba la idea de tener “niñera” pero sabía que la necesitaría. Así que se mostró amable y gentil. Después de todo, serían unos pocos meses, hasta que le quitaran el yeso.

El tiempo transcurría,  Julio y Elena se hacían cada vez más unidos. Ella se convirtió en sus ojos, y él en su bastón. Ya no había yeso, ya no había dinero, ya no había niñera. Una historia de amor creció entre ambos.

Todos los viernes por la noche Elena lo acompañaba al bar de siempre. Tomaban una copa y se iban a sus casas. Pero aquel viernes fue diferente, él no se bajó del escenario al terminar el repertorio. Al finalizar la última canción, apagaron las luces y el público guardó silencio.

- No necesito verte para detallar tu alma. No necesito verte para saber que eres hermosa. No necesito verte para sentirme completo a tu lado. Habrá momentos difíciles y situaciones incómodas. Pero prometo tener siempre  una canción para adornar tus noches. Prometo tener melodías que apacigüen tus días. Prometo tener caricias que alivien tus penas. Pero sobre todo, prometo amarte y cuidarte como si fueses parte de mí. Puedo vivir sin mis ojos, pero no puedo vivir sin tu presencia. ¿Elena, quieres casarte conmigo?

En tan solo un mes se preparó todo y se celebró la boda. Se mudaron a la misma calle de la casa de los padres de Julio. Lo tenían todo para ser felices. La música seguía siendo el motor de Julio, cada vez era más famoso. Pronto se iría a cantar a las ciudades vecinas para darse a conocer. Elena  trabajaba en la clínica de la ciudad pero siempre tenía tiempo para acompañarlo en sus presentaciones.

Durante 7 años fueron solo dos. Las nauseas llegaron estando de viaje. Y con ellas la alegría de un integrante nuevo en la banda.

Las molestias del embarazo siempre son desconcertantes para la mujer, además de los altos y bajos hormonales hay cambios para los que no están preparadas.  Elena tenía meses sintiendo ardor en los ojos, pero con el embarazo se intensificó la molestia. Con frecuencia tenía dolores de cabeza y sentía la “vista cansada”.

La familia de ambos estaba ansiosa por la llegada de la niña en dos meses. Discutían por el nombre, por a quién se parecería más, por el talento que ésta tendría. Elena estaba contenta, pero preocupada. Generalmente los síntomas de embarazo finalizan en el segundo trimestre. Pero ella se sentía peor.

Julio insistió en llevarla a un especialista.  Dolores de cabeza frecuentes, ojos rojos y con ardor, vista borrosa, no son  parte del embarazo.

Fue un golpe muy fuerte para ambos. El glaucoma no es cualquier enfermedad. Es la sentencia de muerte de uno de tus sentidos. No poder ver el desarrollo de su hija y describirlo para Julio es un hecho difícil de asimilar. Trató de sobreponerse para no afectar el resto del embarazo pero la depresión era evidente.

La niña nació en primavera, trayendo consigo pegamento para unir los pedazos de la alegría resquebrajada por el futuro incierto que les esperaba. Elena valoraba cada segundo que podía contemplar a su hija acostada en su regazo, describía el cuadro para Julio y ambos compartían la alegría de ser padres.

Tan solo había transcurrido un año, la enfermedad avanzó y los ojos de Elena apagaron su luz. Su fortaleza se desplomó. No comprendía cómo podría seguir en  un mundo sin poder contemplar lo que estaba a su alrededor. Necesitaría ayuda para cuidar de su hija y esto le causaba vergüenza.

Un viernes por la noche Elena no quiso acompañar a Julio al bar y se quedó con su madre cuidando a su hija. Fue a su cuarto y estuvo encerrada por horas. Él llegó pasada la media noche, directo al cuarto de ambos con la necesidad  de abrazarla. Al verla triste y desconsolada, solo pudo susurrar a su oído aquella estrofa de su canción favorita: “Tu me enseñas que, se puede querer lo que no ves…”.

-Ahora más que nunca, cumpliré mis promesas.

Se acostó a su lado, y la besó.



Canción: Lo que no ves (video)
Artista: Pol 3.14

LA PLAYA DE LOS SUEÑOS

No es tan descabellado pensar que la energía que transmite el mar pueda llegar a ser tan poderosa que estimule al sueño, y no me refiero a aquel que te hace bostezar y cerrar los ojos, sino al sueño que despierta la pasión por lograr un ideal.

El sonido de la blanca espuma de las olas transporta a mundos ulteriores, inundando la mente de aquel que percibe el agua helada en sus pies desnudos. Tal gelidez invita  a reflexionar sobre el pasado para evitar errores en el futuro. Algunos peces en la orilla huyen ante la presencia invasora, y con ellos se van los miedos. Algunas aves revolotean sobre las altas palmeras de dan sombra a una camada de perros callejeros; quien camina puede pensar que estos representan sus ideas incipientes que aguardan el momento correcto para crecer. La suavidad de la arena mojada refresca los pensamientos, basta con cerrar los ojos, entregarse a la brisa marina y al sonido del océano para transportarse al presente que queremos llegar.

Conchas de colores hundidas entre la arena solo pueden evidenciar las múltiples opciones que podemos escoger, somos dueños de nuestras decisiones y forjadores de nuestro futuro… una ola llega y se lleva las conchas más débiles, las que estaban partidas, pero las que quedan son las fuertes, que resisten altas y bajas mareas, soportan sequías e inundaciones.

Una gaviota se posa circunspecta sobre el rompeolas, mira a su alrededor disfrutando de su soledad. Se le observa muy calma y serena admirando el atardecer. Algunos zamuros se acercan e intentan molestar, pero permanece tranquila. Nunca debemos desviarnos de nuestros objetivos aunque animales carroñeros intenten llevarnos al desequilibrio, el atardecer puede resultar todo un espectáculo si nos mantenemos firmes en nuestros propósitos.

El andar gracioso de los cangrejos en las piedras parece estar sincronizado con el camino del presente inmediato, no siempre será como queramos que suceda, pero tenemos dos buenas tenazas para quitarnos del medio aquello que nos estorbe.

Cae la luna y su reflejo aparece. Algunas tortugas rompen el cascarón y salen hacia el mar, ávidas por conocer el mundo que les espera. Nadan con suavidad y paciencia. Habrá momentos claros y momentos oscuros. Pero siempre tendremos algún suceso que admirar y aprender de él.

Sube la marea, es hora de partir. Pero con la intención de volver al sonido del océano, a las aves valientes, al atardecer de fotografía, a las ideas en crecimiento, a las palmeras robustas que dan sombra, a las conchas de colores, a la brisa estimulante, al futuro que sueño.



Foto tomada en Tiwi (Mombasa), en la costa de Kenya. Esto es Diane Beach, arena blanca, agua cristalina y tibia.

AMOR A TRAVÉS DE IMÁGENES


Si Minerva supiera la historia oculta, estaría feliz. Tantos años luego de nuestro encuentro en aquel café de París y aún no entiende la manera en la que expreso mi amor. A veces sueño con su sonrisa y eso me inspira. Ella es mi musa. Pero no lo entiende.

Llevamos 40 años de amores, aunque parecen más. La verdad es que no concibo mi vida sin ella. Una mujer guapa de carácter fuerte, intelectual, amante de las artes en cualquiera de sus formas, no fuma y solo toma vino blanco. Siempre despierta de mal humor pero luego del café es otra persona. Le gustan los animales pero odia el ronroneo de los gatos, dice que son quejidos perezosos de un animal misterioso. Adora comer pastel de nueces a media noche con Chopin como fondo musical; en fin, mi alma gemela. Cuando la conocí, no pude dejarla ir.

Transcurría la primavera y estaba en la ciudad del amor haciendo fotos para mi próxima exposición. Estaba sentado esperando a Eva quien era mi modelo para ese entonces. Y la vi llegar. Eva nos presentó y solo pude notar su cabello rojizo volar con el viento. Ni escuché su nombre en ese momento. Pero era toda una diosa. En ese instante la prima de Eva robó mi atención. Días después mi corazón. Y pensar que era una mujer alegre.

Todo mi trabajo después de ese encuentro se lo debo a ella. Nos casamos a los 6 meses y vivimos 2 años en París. Ella pasaba sus días en su compañía de ballet y yo encerrado en el ático de nuestra casa creando emociones a través de la pintura. Nos mudamos a Madrid debido a una lesión en su tobillo, ahí estaba el especialista. Mi musa no volvió a bailar. Recuerdo que trataba de complacer su amor por arte y la expresión corporal a través de mis obras, pero ella nunca lo apreciaba como yo esperaba.

No podíamos tener hijos, pero la convencí de adoptar. Una niña huérfana de 5 años le devolvió la sonrisa. Ambas salían a caminar por los predios del Museo del Prado durante horas mientras yo seguía construyendo mis obras. Durante varios años mis exposiciones se las dediqué a ellas. Toda emoción que me transmitían sus miradas, las plasmaba en los lienzos. Nunca dejé de admirarlas por las noches.

Cuando mi hija falleció a sus escasos 22 años en aquel accidente, sentía que mi mundo se deshacía lentamente. Minerva estaba devastada, y durante los 3 años siguientes no quiso salir de casa. Todo en la ciudad le recordaba a ella.

No podía dejar que su vida siguiera sin sentido. Hice que formara parte de mis obras más allá de ser mi inspiración. Siempre esperaba su opinión, sus consejos, sus críticas. Pero eso no la alegró. Por el contrario, la convirtió en una mujer fría. Decía que no veía nada en mis pinturas, que eran obras sin alma. Y siempre la pintaba a ella. A sus ojos. A su espíritu. Tal vez por eso siempre se molestaba cuando visitaba el taller, cada obra era el reflejo de lo que ella era y ya no es.

Nuestro matrimonio ya no era el mismo. Mi musa cambió la sonrisa y los cariños por peleas y reclamos. Decía que nunca la quise, que sólo quería ser famoso y tener una esposa guapa para aparentar felicidad con los críticos. Nada más lejos de la realidad. Si ella supiera que todas y cada una de mis obras le pertenecen. Que yo le pertenezco.

Intenté animarla un poco. A Minerva le gustaba aventurarse a probar cosas nuevas, en la juventud, claro. Decidí dejar los lienzos y tomar una cámara para tomar imágenes instantáneas de momentos que parecían simples pero siempre tenían una historia que contar. Recorrimos varias ciudades en busca de la imagen perfecta. Esa vez la exposición fue un éxito pero volvió a sentirse usada. No podía creer que todo lo que hacía, lo hacía por ella. Nunca veía el sentimiento implícito de cada toma. Nunca vio que las fotografías de personas riendo, eran para ella. Para recordarle lo que era la felicidad. Cuando preguntaba su opinión, volteaba la cara.

Ella sabía interpretar muy bien las imágenes, estudió para ello. Pero evitaba reconocer el mensaje.

Ya mi cuerpo no soporta horas sentado frente a un lienzo. Empecé a experimentar en el arte fotográfico. Ya no eran solo fotos, sino composiciones de ellas. Dejé de inspirarme en el amor hacia Minerva  y exterioricé mis lamentos. La amaba tanto que  nunca me atreví a enfrentarle y decirle lo que sentía para no atormentarla, ya tenía demasiadas cicatrices en su alma. Siempre me hice a un lado y soporté todo. Pero de alguna manera debía desahogarme.

Hace 6 meses decidí que sería mi última exposición. Siento que mi trabajo tiene su esencia, y ya ella no es feliz a mi lado. Decidí dejarla ir. Seguir inspirándome en ella  ya no tiene ningún sentido. Se llamó “Emociones del recuerdo”, 17 fotografías. Una por cada año que pasé con mi hija.

El día de la inauguración, Minerva estuvo ahí. Sólo el último cuadro llamó su atención. El único que no se trató de ella, sino de mí. Miró con detenimiento cada uno de los detalles: los juegos de sombras, el brillo, la luz. Luego de media hora en silencio, Minerva voltea y  dijo: Perdóname. Y lloró.

Ahora estamos en París,  sentados en el mismo café de hace 40 años. Un mes después de la inauguración de mi última exposición. Y ella no sabe qué decir. Si Minerva supiera la historia oculta de cada cuadro, estaría feliz.